lunes, 9 de febrero de 2026

Bajo el capó de Windows

¿Por qué el motor es de acero y la carrocería de fibra?

    Si pudieras levantar el capó de Windows y observar las entrañas del sistema operativo más utilizado del mundo, te encontrarías con una paradoja fascinante. El software que mueve millones de ordenadores no es un bloque monolítico, sino una obra de ingeniería compuesta por capas de distinta naturaleza. Sin embargo, en el centro de todo, allí donde el software toca el metal, hay un protagonista indiscutible que se niega a ceder su trono: el lenguaje C. ¿Por qué Microsoft confía el núcleo de su imperio a esta herramienta de los años 70 mientras nos empuja a usar C#, Java o tecnologías web para todo lo demás? 


    Es importante aclarar que el "corazón" de Windows, su kernel, no es exclusivo de un solo lenguaje, pero sí tiene una jerarquía muy clara. El 90% de su código base está escrito en C puro. A su alrededor, encontramos capas de C++ que organizan los subsistemas más complejos y pequeñas dosis de Ensamblador para las tareas más íntimas del procesador. Pero es C el que sostiene la estructura principal. La razón es sencilla: en el núcleo no hay margen para la abstracción. Se necesita un lenguaje que no añada "peso muerto", que sea predecible y que permita una gestión quirúrgica de la memoria. Si el kernel estuviera escrito en un lenguaje moderno "gestionado" como C#, el sistema sufriría micro-cortes constantes cada vez que el software intentara limpiar la memoria automáticamente, haciendo que la experiencia fuera inestable. 

    Sin embargo, cuando pasamos del núcleo a la superficie —las aplicaciones que usamos para trabajar o jugar—, las prioridades cambian radicalmente. Crear una interfaz gráfica moderna, con ventanas, animaciones y seguridad en la red usando únicamente C sería una tarea titánica y peligrosa. Para eso existen herramientas como C#, el lenguaje estrella de Microsoft para aplicaciones. C# ofrece una versatilidad asombrosa y permite a los desarrolladores crear software complejo en una fracción del tiempo, delegando la gestión de la memoria al sistema. Esto evita que un pequeño error en una aplicación de usuario provoque un colapso total del sistema o el temido "pantallazo azul". 

    Esta división de tareas es la que hace que un sistema moderno sea robusto. Usamos C para los cimientos y el grueso del kernel porque necesitamos una infraestructura inamovible y de alto rendimiento que hable directamente con el silicio. Por otro lado, usamos lenguajes de alto nivel para las aplicaciones porque permiten una evolución rápida y una estética cuidada sin poner en riesgo la estabilidad del núcleo. Incluso con la reciente y tímida llegada de lenguajes como Rust para mejorar la seguridad en ciertos módulos, el legado y la potencia de C siguen siendo el pegamento que mantiene unido todo el ecosistema. 

    En definitiva, Windows es el ejemplo perfecto de convivencia tecnológica. C sigue siendo el material de construcción fundamental debido a su honestidad y cercanía con los circuitos. Es el lenguaje que sostiene el peso del mundo digital, permitiendo que otras herramientas más ágiles y coloridas luzcan en la superficie. Sin esa base masiva de código en C que gestiona el kernel, la versatilidad de las aplicaciones modernas simplemente no tendría un suelo firme sobre el que ejecutarse.